ÍNDICE

1-      Introducción

2-      Naturaleza de la Doctrina Social de la Iglesia

3-      ¿Dónde nace y se despliega la doctrina social de la Iglesia?

4-      Algunos Principios

          a.      El Bien Común

          b.      El destino universal de los bienes 

          c.       La subsidiaridad

          d.      La participación

          e.       La solidaridad

          f.       Valores fundamentales 

          g.      La vía del amor

5-      Palabras Finales

6-      Bibliografía

 

 

 

1-      Introducción

 

Un anhelo de toda la comunidad internacional es el de vivir en un mundo justo y fraterno. Nos duele saber que hay guerras, exterminios, discriminación, dictaduras, encarcelamiento forzado, robos y hurtos, laceraciones al Ambiente, etc. Son las “sombras de un mundo en pedazos” dice el papa Francisco al titular el primer capítulo de la Encíclica “Fratelli tutti” (2020).

Por lo demás, la fraternidad es la promesa no cumplida de la Modernidad, y estamos llamados a convivir como hermanos.

Para ello, la Doctrina Social de la Iglesia se presenta como una reflexión sistemática desde el Evangelio y sus valores, que se brinda al mundo entero para promover proyectos

humanos y humanizantes de las sociedades. Esta Doctrina no es ideología; es parte de la Teología Moral.

En este artículo vamos a abordar el tema de la naturaleza de la Doctrina Social de la Iglesia, lo que los Papas han dicho y hecho por ella, y algunos Principios que la animan desde dentro. Le sigue una Conclusión y bibliografía pertinente.

 

2-      Naturaleza de la Doctrina Social de la Iglesia

 

En una primera aproximación diremos que es el conjunto de enseñanzas desde los valores del Evangelio mismo, que iluminan las cuestiones del panorama político-social cambiantes. Los Pastores no dan “recetas técnicas” para la solución de los diversos problemas, pero sí expresan con énfasis en los valores que se promueven y los peligros de los que se han de alejar las comunidades. Despliegan así una verdadera Doctrina. Por poner un simple ejemplo, los cuatro “sueños” del papa Francisco en torno a la delicada cuestión del cuidado del gran bioma que es el Amazonas[1].

 

«Con esta doctrina, la Iglesia no persigue fines de estructuración y organización de la sociedad, sino de exigencia, dirección y formación de las conciencias[2].

 La doctrina social es el anuncio de fe que hace el Magisterio ante las realidades sociales. Recogida en un compendio, esa defensa se traduce en indicaciones, consejos y exhortaciones por las que la Iglesia anima a los cristianos a ser ciudadanos responsables.

“La Iglesia (...) tiene una misión de verdad que cumplir en todo tiempo y circunstancia en favor de una sociedad a medida del hombre, de su dignidad y de su vocación”[3].

 

A quien le debemos muchas reflexiones de fondo sobre esta materia es quien fuera el papa Juan Pablo II. El afirma que la DSI es “la cuidadosa formulación del resultado de una atenta reflexión sobre las complejas realidades de la vida del hombre en la sociedad y en el contexto internacional, a la luz de la fe y de la tradición eclesial”[4].

 

El único objetivo de la Iglesia es ayudar a los hombres y mujeres – aún no creyentes- en el camino de la construcción de un mundo justo y fraterno, y así contribuir también a su salvación. Esta es su única misión y también la razón por la que la Iglesia tiene el derecho y el deber de desarrollar una doctrina social que forme las conciencias de los hombres y les ayude a vivir según el Evangelio y la propia naturaleza humana. Un cristiano coherente es también un buen ciudadano y dirige todos los aspectos de su vida hacia Dios, viviendo según su designio salvífico. La Iglesia acompaña a los cristianos en esta tarea. La Iglesia ni ambiciona poder terrenal ni busca privilegios. Su alta misión es evangelizar, no otra.

Decíamos que la DSI es una interpretación de la realidad social a la luz de la fe, motivo por el cual “no pertenece al ámbito de la ideología, sino al de la teología y especialmente de la teología moral”[5]. En tal sentido, su principal fuente es la Palabra de Dios manifestada en la Sagrada Escritura y en la Tradición de la Iglesia. Por tanto, al pertenecer al ámbito de la teología, sus dos principales vías cognoscitivas son la fe y la razón, motivo por el cual tiende un puente hacia el diálogo con otros saberes. Prueba de ello es que hay investigaciones sobre este tema concreto en medicina[6], en sostenibilidad[7], en responsabilidad empresarial[8], en la ética de los negocios[9], en la filosofía[10] y en la política[11].

Todo ello incluye entonces todas las dimensiones de la vida humana y de la cultura como la economía y el trabajo, pasando por la comunicación y la política, la comunidad internacional, el cuidado de la Casa común y las relaciones entre las culturas y los pueblos, lo religioso.

Para terminar este punto, decimos una palabra sobre la fuerza transformante de la caridad de cada corazón humano. Volveremos sobre esto más adelante, pero desde ya decimos que la caridad es una «fuerza capaz de suscitar vías nuevas para afrontar los problemas del mundo de hoy y para renovar profundamente desde su interior las estructuras, organizaciones sociales y ordenamientos jurídicos. En esta perspectiva la caridad se convierte en caridad social y política: la caridad social nos hace amar el bien común y nos lleva a buscar efectivamente el bien de todas las personas, consideradas no sólo individualmente, sino también en la dimensión social que las une»[12].

 

3- ¿Dónde nace y se despliega la doctrina social de la Iglesia?

 

La DSI nace con la encíclica Rerum Novarum de León XIII, pastor supremo que estaba muy preocupado por la “cuestión obrera”, es decir la situación de muchos trabajadores pobres del campo que en el siglo XIX vivían miserablemente en las ciudades por el fenómeno de la revolución industrial. A partir de ese momento las enseñanzas sociales, que existían desde el principio del cristianismo, se ordenan de manera sistemática. Las cartas sociales de los pontífices tendrán la Rerum Novarum como referencia. Entre las muchas encíclicas sociales, destacan además de la antedicha, las de san Juan Pablo II: Laborem Exercens (90 años desde la Rerum Novarum), Sollicitudo Rei Socialis y Centesimus Annus. Recientemente, el Papa Francisco se ha dirigido a los cristianos con dos encíclicas de temas sociales: Laudato Si´ (2015) y Fratelli tutti (2020).

 

 

Francisco explica la razón por la cual la Iglesia expresa su parecer en los asuntos que afectan a la comunidad mundial, diciendo que es la misión espiritual que Jesucristo dirigió a san Pedro y sus sucesores la que impulsa al Papa “a preocuparse por toda la familia humana y sus necesidades, incluso en el ámbito material y social”[13] y aclara que “la Santa Sede no busca interferir en la vida de los estados”, sino que observa “las problemáticas que afectan a la humanidad”, para “ponerse al servicio del bien de todo ser humano” y “trabajar por favorecer la edificación de sociedades pacíficas y reconciliadas”. Por este motivo, la Iglesia no puede quedar al margen de las realidades humanas, e interviene con su enseñanza para iluminar distintos aspectos de la sociedad. No da recetas técnicas; sí luces y energías. Nada que sea auténticamente humano, queda ajeno a su sensibilidad.

 

4- Algunos Principios

 

a)      El Bien Común

 

La primera sistematización de la categoría “bien común” en la DSI aparece en 1961, cuando Juan XXIII en Mater et Magistra, decía lo siguiente: “Este concepto abarca todo un conjunto de condiciones sociales que permitan a los ciudadanos el desarrollo expedito y pleno de su propia perfección” (n° 65). Esta definición la retoma nuevamente el pontífice en 1963, en Pacem in Terris, asegurando que de esta definición se desprenden los siguientes principios: es de obligación para el ciudadano y para el gobernante, está ligado a la naturaleza humana, debe redundar en provecho de todos y abarca a todo el hombre (n° 53-59).

En estos principios desarrollados por Juan XXII se empieza a vislumbrar la doble dimensión de todo el hombre (“abarca a todo el hombre”) y todos los hombres (“redundar en provecho de todos”), expresión que concretizó con total acierto Pablo VI en 1967 en Populorum Progressio (no. 14) refiriéndose al desarrollo integral, y que Benedicto XVI en 2009 considera el mensaje central del documento.

Es importante la anterior aclaración porque le da créditos a la famosa expresión todos los hombres y todo el hombre no solo en el contexto del desarrollo, sino también en el del bien común. Por ello, de los principios desarrollados por Juan XXIII en Pacem in Terris puede adjudicarse una dimensión política y otra antropológica al bien común.

Sin embargo, a pesar de que las definiciones de Juan XXIII se dieron primero en términos cronológicos, goza de mejor fortuna en la DSI la definición que trae la constitución Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II según la cual el bien común es “el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección” (Gaudium et Spes, n° 26).

Gaudium et Spes en el n° 74 cambia algunas categorías a la definición, conservando su esencia: “El bien común abarca el conjunto de aquellas condiciones de vida social con las cuales los hombres, las familias y las asociaciones pueden lograr con mayor plenitud y facilidad su propia perfección”.

Indudablemente, las anteriores definiciones muestran una relación con la filosofía sobre el todo y la parte, donde se sostiene que la suma de las partes individuales no necesariamente llega al todo. El bien común es de todos y de cada uno, y en tal sentido es indivisible. Por ello es importante diferenciar que el bien común no es propiamente el bien de un grupo en general, lo cual también puede dar lugar a equívocos. Al respecto, es preciso tener presente la expresión según la cual debe haber una “subordinación plena de los intereses individuales y de grupo a los generales del bien común”[14].

 

b)     El destino universal de los bienes 

 

Este principio nos recuerda que todo cuanto existe tiene una dimensión universal. Dios ha creado todo, para todos. Por tanto, no mira sólo a un individuo sino a todos los individuos. Dios creó todas las cosas, no para un grupo, sino para todos. De tal manera es así, que hay que buscar caminos para una justa distribución de los bienes y de las riquezas, sean éstas las que sean.

Este principio no es incompatible con el derecho a la propiedad privada

Ésta ayuda a que las personas puedan tener un espacio para vivir, para que se respete su libertad y una vida digna; sin embargo, cuando la propiedad privada se excede y viola el principio universal de los bienes, entonces, la propiedad privada ha de estar sujeta a lo que es este principio universal de los bienes. El Papa Juan Pablo II repetía en una visita a Brasil: “Sobre toda propiedad privada, grava una hipoteca social”.

El mundo entero es un regalo de Dios para todos sus hijos. En la Bula de convocatoria al Jubileo de la Esperanza, Francisco escribe: “Haciendo eco a la palabra antigua de los profetas, el Jubileo nos recuerda que los bienes de la tierra no están destinados a unos pocos privilegiados sino a todos. Es necesario que cuantos posean riquezas, sean generosos, reconociendo el rostro de los hermanos que pasan necesidad” (Bula n° 16, Roma, 2024).

 

 

c)      La subsidiaridad

 

En la búsqueda del progreso y el desarrollo de toda persona humana, de todo ser humano, de su dignidad “infinita”, hay un principio que no se tiene muchas veces en cuenta; es el principio de la subsidiaridad.

Nosotros los seres humanos debemos producir lo que nosotros debemos producir. Cada ser humano tiene una responsabilidad, ante sí mismo y ante los demás, como cada grupo, como cada sociedad, pero hay limitaciones que nos habitan, y es ahí donde se necesita el apoyo subsidiario.

Venir en apoyo de las familias que no pueden alcanzar las metas que deben alcanzar, de los individuos, de las personas, de los grupos humanos. Por eso, el Estado tiene la responsabilidad de cuidar, de velar para que cada uno de nosotros haga lo que tenga que hacer, pero que podamos recibir también el apoyo en aquello que nosotros no podamos lograr.

Ese principio de subsidiaridad ayuda a que los pueblos puedan progresar y los grupos puedan avanzar en sus objetivos. Se ha de apoyar a todo aquel que no puede dar todo lo que él quisiera o pudiera dar.

 

d)     La participación

 

Otro principio claro en la doctrina social de la Iglesia es el principio de la participación. La participación, como algo inherente al ser humano, es parte de nuestra existencia. De hecho, nosotros queremos participar y ello nos muestra a nosotros un deber, el deber que tenemos todos los seres humanos de involucrarnos en la vida social, en el desarrollo, en el progreso de los pueblos.

Por eso, una persona que no participa en las inversiones y gastos de un pueblo, con sus impuestos, es una persona que no está cumpliendo con su deber. Una persona que no participa en las elecciones, por ejemplo, es una persona que se siente limitada en lo que es su derecho de participar en la elección de aquellos que lo dirigen. Esta dimensión de la participación muestra un derecho, pero también muestra un deber. Derecho y deber, el derecho de participar y el deber de participar.

Las dictaduras limitan la participación, pero también la participación se vuelve un desorden cuando no es regulada. La calidad de vida institucional, es calidad de vida cotidiana de los ciudadanos.

 

 

e)      La solidaridad

 

La solidaridad es uno de los grandes principios, o si se quiere, uno de los grandes valores que más se trata en el mundo de hoy. La solidaridad nos está mostrando a nosotros como la humanidad es una y cómo tiene que apoyarse mutuamente. La solidaridad nos indica que los pueblos no pueden existir si no son solidarios entre sí y que la humanidad también es así, y esto se ve de una manera muy clara en las crisis y en los problemas y urgencias.

Los países más ricos tienen necesidad de ser solidarios con los demás y los países pobres también han de tomar conciencia sobre esto. El Amazonas no pertenece sólo a Brasil (70 %) o a los otros 8 países del Cono Sur. Es un bien de toda la humanidad, porque lo que pasa allí afecta a la humanidad. Somos solidarios, y los seres humanos somos como un racimo de uvas: o maduramos juntos o no hay vino. Viene al caso mencionar los llamados repetidos de los Papas últimos sobre la condonación –parcial o total- de la deuda externa de países en vía de desarrollo.

El principio, el criterio, el valor de la solidaridad es temática sobre la que hay que pensar y volver una y otra vez porque no solamente se ha de esperar solidaridad de los demás, sino que cada uno de nosotros ha de poner su grano de arena en el camino y en la construcción de un mundo solidario.

Solidarios con el más vulnerable. En la opción preferencial por los pobres y excluidos  que hoy hace la Iglesia, sigue el ejemplo y mandato del Señor: Jesús nos enseñó que los más vulnerables en una sociedad tienen un lugar privilegiado en su Reino. Es un deber de justicia ayudar a todos a luchar contra la pobreza y las situaciones de riesgo, algo que el Papa Francisco ha recalcado con énfasis desde el inicio de su pontificado.

 

f)      Valores fundamentales 

 

Podemos preguntarnos sobre los muchos valores que hay, y podemos enumerar decenas de valores: pero, ¿cuáles son los fundamentales?, ¿cuáles son los más importantes, aquellos necesarios para que funcione una sociedad y que son clave también para el progreso de los pueblos?

Los cuatro grandes valores son estos: La verdad, la libertad, la justicia y el amor.

Nos referimos aquí a los tres primeros porque el amor, que nos une a los demás, necesita un tratamiento propio.

La verdad: sin la verdad ningún pueblo podrá avanzar. Jesucristo decía “Conocerán la verdad y la verdad los hará libres” (Jn 8, 32).

La verdad y la libertad: la libertad, que los pueblos de América Latina disfrutamos –en parte- después de tantas dictaduras, se torna también desorden y exceso cuando no la sabemos usar. La libertad se manifiesta en la democracia, pero necesitamos de una libertad sabiamente usada. Por eso, volver la mente y la mirada sobre la libertad, es clave, y sobre todo en estos tiempos en las que disfrutamos de la libertad, para no volver a las dictaduras, pero tampoco para que la libertad se vuelva un enemigo. Y la dimensión de la justicia: si quieres la paz, trabaja por la justicia. Si nosotros queremos guardar las relaciones como debe ser, es clave y fundamental el valor de la justicia. La injusticia genera casi automáticamente, cruel violencia.

Sabemos que tenemos muchos desórdenes cuando impera la mentira, la corrupción y la injusticia. Por eso, en la doctrina social de la Iglesia esos tres valores son fundamentales para la vida de cualquier sociedad.

 

g)        La vía del amor

 

El vínculo que une todos estos principios y valores es el amor. Sin amor, nosotros no podremos llegar a eso que deseamos: a una mayor distribución de las riquezas, a un mundo donde impere la verdad, la justicia, la libertad; donde los bienes realmente sean comunes, donde se busque el bien común, donde cuidemos el don de la Casa común.

Aún una sociedad que no tuviese necesidad de recursos para vivir, igualmente necesita la via caritatis para su logro pleno. Además, recodemos que la misma política se entiende a sí misma como la más alta forma de caridad.

Los valores que nosotros necesitamos poner en práctica necesitan un fundamento, un guía, que es el amor. Por eso, el progreso de los pueblos, el bienestar de los pueblos, la mejor distribución de las riquezas, todo aquello que nosotros deseamos no se dará en efecto y en verdad, si los seres humanos somos insensibles al otro. De ahí que el camino del amor, la vía del amor, es y seguirá siendo el camino del desarrollo de los pueblos, del respeto a toda persona y de los derechos humanos.

 

5- Palabras Finales

 

La gran Misión de la Iglesia es ayudar a los hombres y mujeres – creyentes y no creyentes- en el arduo camino de la construcción de un mundo justo y fraterno, y así contribuir también a su salvación definitiva. Esta es su única misión y también la razón por la que la Iglesia tiene el derecho y el deber de desarrollar una doctrina social que forme rectamente las conciencias de los hombres y les ayude a “discernir” y vivir según el Evangelio y la propia naturaleza humana.

Por eso dimos esta breve introducción a los estudios sobre la DSI, conscientes que es posible vivir en la esperanza de un mundo renovado, justo, sin guerras ni hambrunas, sin desigualdad de oportunidades, con capacidad de lograr el Pacto educativo global que impulsa tanto el papa Francisco.

La fe y la razón se dan la mano y ayudan a discernir condiciones posibles para sociedades justas y fraternas.

 

6-      Bibliografía

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7-      Notas



[1] FRANCISCO, Exhortación Apostólica post Sinodal Querida Amazonia, Roma, 2020.

 

[2] Pontificia Comisión “Justicia y Paz”, Compendio Doctrina Social de la Iglesia, n° 81.

 

[3] BENEDICTO XVI, Carta Encíclica Caritas in Veritate, n° 9.

 

[4] JUAN PABLO II, Sollicitudo Rei Socialis n° 41.

 

[5] JUAN PABLO II, Sollicitudo Rei Socialis, 1987, n° 41.

 

[6] Cfr. CASEY, M., Value- Based costing of Anti-Cancer druggs: an Ethical Perspectives Grounded in Catholic Teachings on Human Dignity and the Common Good. Issues in law & medicine 36 (2021) 44-76.

 

[7] CHRISTIE, I., GUNTON, R. M., y HEJNOWICZ, A. P., Sustainability and the common good: Catholic Social Teaching and ‘Integral Ecology’as contributions to a framework of social values for sustainability transitions. Sustainability Science14 (2019), 1343-1354. 

 

[8] Cfr. GUITIÁN, G., “El traslado de la producción a otros países. Una mirada desde ´Populorum progressio´”, Gregorianum 100 (2019) 383-404.

 

[9] Cfr. RYAN, M., Teaching the common good in business ethics: A case study approach. Journal of business ethics147 (2016), 693-704.

 

[10] GRUIJTERS, R., Solidarity, the common good and social justice in the Catholic social teaching within the framework of globalization. Philosophia Reformata81 (2016) 14-31.

 

[11] Cfr. RHONHEIMER, M. The Common Good of Constitutional Democracy: essays in political philosophy and on Catholic social teaching. Washington: CUA Press, 2013.

 

[12] Pontificio Consejo “Justicia y Paz”, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia n 207.

 

[13] FRANCISCO, Discurso ante el Cuerpo Diplomático, Roma, 7 de enero de 2019.

 

[14] JUAN XXIII, Carta Encíclica Mater et Magistra, 1961, n° 37.

Última modificación: Friday, 21 de February de 2025, 08:29